Las continuas bravatas y extravagancias de Donald Trump al margen de cualquier lógica o respeto al ordenamiento y la legalidad internacional, han eclosionado con el ataque unilateral a Irán conjuntamente con el Israel de Netanyahu. La ferrea dictadura teocrática iraní ha sido la excusa elegida por el presidente de Estados Unidos para empreder un feroz ataque bélico en su contra, con una ingente movilización de tropas y armamento que, por de pronto, ha destruido un enorme número de edificios e instalaciones estratégicas y civiles iraníes a la vez que incontables víctimas humanas, con el líder supremo Ali Jamenei a la cabeza.
Aunque la desproporción de medios es abrumadora en favor de la coalición atacante, Irán ha respondido con ataques a intereses estadounidenses e israelíes en todos los países de la zona, estabeciéndose un estado de zozobra en el ámbito geopolítico y económico mundial.
La guerra ha pillado a Europa y Occidente una vez más desprevenidos e incrédulos ante esta acción bélica y se debaten entre la tibieza de la mayoría de países, algún tímido apoyo a Trump y el liderazgo de España y Pedro Sánchez como cabeza visible de la oposición occidental al uso de las bombas frente a legalidad y el equilibrio internacional. La postura cohrente y valiente de España, prohibiendo el uso de las bases norteamericanas en España para esta guerra, ha provocado la furiosa reacción de un Trump que ha amenazado a España con una prepotencia a la altura de su ignorancia, obviando que las relaciones económicas de los países de la Unión Europea se negocian e implican al conjunto de la Unión y no bilateralmente con sus países. Sánchez ha hecho bandera del "No a la guerra", mientras la derecha española parece incapaz de anteponer, siquiera por una vez, el sentido de Estado a su interés partidista.
Mientras el conflicto parece no cesar y tiende a expandirse más allá del Oriente Medio, crece el pesimismo y la incertidumbre por las consecuencias humanas, económicas y políticas que esta guerra va a generar.




