Lo preocupante de la nueva situación es que es la derecha que se dice democrática, la que ha normalizado esta agresividad como forma de expresión colectiva, cuando no también institucional. Una derecha que arrastró años su complejo por su procedencia franquista pero que, una vez normalizada su llegada al poder por vías democráticas,, ha campado a sus anchas hasta acabar encajando cada vez peor las mayorías democráticas que le son contrarias y la sitúan en la oposición.
En pleno auge del populismo ultra chabacano -con Trump a la cabeza- nada cabe esperar de la ultraderecha y partidos neofascistas como VOX. Tampoco dejan de ser preocupantes las expresiones esporádicas violentas del disidente -o no- entorno abertzale en nuestro ámbito. Pero lo realmente disparatado es el comportamiento de buena parte de los dirigentes, militantes y votantes del PP y de UPN, alejados de cualquier razonamiento o argumento intelectual mínimo, para caer en las peores prácticas políticas que se recuerdan desde los difíciles años de la transición, ese período de lucha por la democracia y la libertad que tan mal dijirieron y del que ahora pretenden apropiarse.
La consigna aznarista de que "el que pueda hacer que haga", a la que los resortes poderosos ultraconservadores han respondido como un solo hombre, está causando estragos en el debate político, la convivencia social y la salud democrática. Frente a ello no queda otra que movilizarse, denunciar a esta derecha ultra, populista, maleducada, autoritaria y excluyente, y defender con más fuerza que nunca la libertad, los derechos y avances sociales conseguidos y, en definitiva, el estado de derecho social y democrático que tanto nos ha costado lograr.




