Siendo tan previsible como inevitable la politización de la tragedia, conviene señalar algunas cuestiones. En primer lugar, se hace evidente que, al inexistente compromiso presupuestario de los pasados gobiernos del PP en materia de infraestructuras, se ha unido la sensación ciudadana de que -aun con el esfuerzo inversor del actual gobierno- se ha ido a remolque en algunas carencias que el servicio de tren viene evidenciado. En segundo lugar, y a falta de la oportuna investigación, parece claro que en Urda la fatalidad en algunos fallos técnicos se ha alineado con lo que parece un último y fatal error humano. E, igualmente, se corrobora cómo este gobierno no se esconde ante una tragedia, da las explicaciones a su alcance y afronta con eficiencia las consecuencias de lo ocurrido. Y que, llegado el caso, se asumen las oportunas responsabilidades políticas.
Repugna, eso sí, la bajeza moral de la derecha ultra -llámese PP, VOX o, en Navarra, UPN- a la hora de buscar rédito partidista y electoral a costa de esta desgracia. El control y la petición de responsabilidades que se derivan de lo ocurrido, no justifica en ningún caso la degradación política y personal que la derecha y su entorno social y mediático están practicando, sin el menor decoro democrático e institucional.Tanto más si recordamos la falta de transparencia, la inacción y la nula asunción de responsabilidades políticas mostrada por la derecha a la hora de afrontar desgracias como la del Yak-42, el descarrilamiento de Angrois o la DANA de Valencia.
