miércoles, 4 de noviembre de 2026

LA TRAGEDIA DE URDA MARCA EL MOMENTO POLÍTICO

La tragedia ferroviaria de Urda, con sus 69 víctimas mortales, además de la lógica conmoción y dolor social por lo ocurrido, ha condicionando y acaparado la precampaña política. La creciente preocupación por el servicio ferroviario español, derivada de su cada vez mayor demanda, la liberalización y multiplicación de trenes en la alta velocidad, o los retrasos, incidentes y accidentes como el ocurrido en Adamuz y ahora el de Urda, se han cobrado la dimisión del responsable de Transportes, Oscar Puente. 

Siendo tan previsible como inevitable la politización de la tragedia, conviene señalar algunas cuestiones. En primer lugar, se hace evidente que, al inexistente compromiso presupuestario de los pasados gobiernos del PP en materia de infraestructuras, se ha unido la sensación ciudadana de que -aun con el esfuerzo inversor del actual gobierno- se ha ido a remolque en algunas carencias que el servicio de tren viene evidenciado. En segundo lugar, y a falta de la oportuna investigación, parece claro que en Urda la fatalidad en algunos fallos técnicos se ha alineado con lo que parece un último y fatal error humano. E, igualmente, se corrobora cómo este gobierno no se esconde ante una tragedia, da las explicaciones a su alcance y afronta con eficiencia las consecuencias de lo ocurrido. Y que, llegado el caso, se asumen las oportunas responsabilidades políticas. 

Repugna, eso sí, la bajeza moral de la derecha ultra -llámese PP, VOX o, en Navarra, UPN- a la hora de buscar rédito partidista y electoral a costa de esta desgracia. El control y la petición de responsabilidades que se derivan de lo ocurrido, no justifica en ningún caso la degradación política y personal que la derecha y su entorno social y mediático están practicando, sin el menor decoro democrático e institucional.Tanto más si recordamos la falta de transparencia, la inacción y la nula asunción de responsabilidades políticas mostrada por la derecha a la hora de afrontar desgracias como la del Yak-42, el descarrilamiento de Angrois o la DANA de Valencia.